La tradición del día del oso data de los años treinta, pero se recuperó en 1989 y desde entonces ininterrumpidamente se viene celebrando cada mes de febrero.

El protagonista es un joven vestido con la piel del oso, bien arropado, no sólo por su vestimenta, sino por el ambiente festivo de los cantores y los trikitilaris de la Escuela de Música local, Alboka, que no cesan en su empeño de, como reza al final de la canción, ‘no perder una tradición tan especial’.

El oso es uno de los personajes más legendarios del Carnaval de Euskadi, pero en Ermua tiene su propia historia, ya que se sitúa en torno a 1934 , cuando un joven de Ermua cayó enfermo de tuberculosis. Entonces era una enfermedad muy difícil de curar y para la recuperación de los enfermos era necesario poseer medios económicos. Cuando se descubrió que la familia no podía hacer frente a los gastos, se le solicitó al ermuarra Guillermo Bengoetxea ‘ Txindurri’ que compusiera unos versos que solucionaran el problema.

La cuadrilla del joven enfermo decidió poner fecha y salir a la calle disfrazada, debido a que coincidía con el Carnaval. Cantando disfrazados con unas pieles de oveja, sacaron unas 1.000 pesetas con las que pudieron ayudarle a salvarse. Además, como no tenían instrumentos musicales con los que acompañar los versos, utilizaron papel de fumar y unos peines. Así, combinando ambos elementos, lograron improvisar un instrumento para acompañarles en el canto.

Esa circunstancia histórica sirve ahora como excusa a los más jóvenes ermuarras para celebrar el ‘Hartza eguna’. La costumbre se perdió durante 50 años, pero volvió en 1989 a las calles de Ermua de la mano del colectivo para la promoción del euskera, Euskal Birusa, que colaboró en sacar al oso de la cueva en la que había quedado destinado al ostracismo.

Después el relevo lo quisieron tomar los profesores y alumnado de la Ikastola Anaitasuna, a los que hoy en día se han sumado Eskolabarri, Kaltxango AEK y el euskaltegi municipal.

Los versos hablan de una llamada de socorrro del baserritarra de Urko, Patxi, y de lo que se encontraron los que acudieron en su ayuda en la cueva de Maña. Según afirman los versos escritos por ‘Txindurri’, el oso que encontraron era digno de sentir pena, parecía más un jabalí debido a que estaba muerto de hambre, por lo que los cantantes piden dinero, precisamente para darle de comer.

Los últimos dos versos de la canción se añadieron en la época contemporánea para recordar siempre a los ‘culpables’ de que se retomara la tradición: el autor y su hija, ya desaparecida, María Bengoetxea ‘Txindurri’.

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